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De aquí para allá
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
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Cuando los bebés aprenden a desplazarse por sí mismos
gateando, y posteriormente cuando ya saben caminar, no
habrá quien los detenga. Son como diligentes hormiguitas que
van de aquí para allá, explorando, conociendo, descubriendo.

La energía de los primeros tres años de vida es especial. Los
niños y las niñas parecieran ser incansables pues no se
detienen durante el día más que unos minutos para comer y
en algunos casos, para tomar una siesta. Pero en sus
momentos de vigilia, son maquinitas que van de un lado a otro
probándolo todo. Si alguien está jugando con ellos, su energía
les permite mantener la atención en el juego hasta agotar
todas sus posibilidades para jugar algo más.

Sabiendo, entonces, cuál es la dinámica de los bebés a esta
edad, es lógico entender que adonde los llevemos
necesitaremos ayudarles para que puedan mantener en
alguna medida la misma actividad que tienen en casa. Si
vamos de visita, por ejemplo, no será posible que el/la bebé
permanezca sentado/a y callado/a durante la visita si no tiene
algo qué hacer. Sin embargo, esto sí puede suceder si le
llevamos el juguete que tanto le gusta explorar en casa, libros
con imágenes coloridas y atractivas o una “pizarra mágica”
sobre las que se escribe con un lápiz especial de plástico o de
punta imantada. Tarjetas con figuras, bloques para armar,
paletas de colores, en fin, todo tipo de juguetes para construir
son útiles para que pueda ocupar su energía, mientras los
adultos conversan.

Las casas desconocidas son un reino sin explorar que por
supuesto, atraerá el interés del/la bebé. En ocasiones, los
anfitriones tienen algún juguete guardado nuevo o que era de
los niños de la casa; esto mantendrá su atención por un buen
tiempo.
Una de las reglas de oro de los infantes en las
primeras edades es: lo nuevo por conocer siempre tiene más
posibilidades que lo viejo conocido.
 Trasladarse a conversar
en el jardín puede ser lo mejor para permitir que el/la bebé lo
recorra. Llevarle ese juguete que tanto le gusta empujar o
halar, puede darle seguridad para explorar el jardín por sí
mismo/a. Una pelota debe estar siempre dentro de la maleta
de viaje, si es inflable cabe perfectamente, si no, su lugar
permanente puede ser el baúl del automóvil.  Las pelotas son
un juguete de muchas posibilidades desde que los bebés
gatean.
La comida también nos puede dar algún tiempo de
conversación. Lo mejor será preferir alimentos secos que el/la
bebé pueda tomar con sus manos, tales como cereal, galletas,
palitos de pan, zanahoria, apio, pasas, trozos de manzana. La
elección dependerá de las habilidades para comer del/la bebé
y aquellos alimentos a los que está acostumbrado. Colocar
una manta debajo para recoger migas o restos de comida
demostrará consideración con los anfitriones. Jugos naturales
en vasos cerrados antiderramables o que utilizan pajilla
también son una buena opción.

Ayudándole a controlar sus impulsos de ir de aquí para allá
con estas estrategias, enseñamos al(la) bebé a comportarse
cuando va de visita. Lo importante es entender sus
necesidades, reconocer que necesita estar haciendo algo
porque es su época óptima de aprendizaje y que en la medida
en la que pensemos primero en él/ella, nuestra vida también
será más fácil. Cuando se tiene hijos/as menores de tres años
quizás lo mejor sea programar las reuniones sociales para un
máximo de dos horas, aunque todo depende de la familiaridad
con los anfitriones o visitantes, las habilidades del/la bebé, si
hay o no compañeros de juego, etc.  

Lo anterior también se aplica en cualquier otra situación en la
que hay que esperar, como en la consulta con el médico,
cuando vamos a recoger al hermano/a mayor o debemos
esperar a alguien, como cuando se espera a que el hermanito
o la hermanita mayor salgan de algún curso, etc.  Niños y
niñas necesitan de nuestra ayuda para aprender a
comportarse. Uno de los principios que pareciera tener sentido
en relación con los niños y las niñas entre los ocho meses y
los tres años es que no se quedarán “quietos” a menos que la
tarea entre manos sea lo suficientemente retadora para su
inteligencia. Es decir, que únicamente lograremos mantener su
atención con actividades que les interesen y les motiven a
explorar, de preferencia con todos sus sentidos.

El juego siempre es la fórmula ideal para interactuar con los
bebés. El juego con los adultos aporta aprendizajes
importantes, pero el juego individual también es de gran valor,
pues fomenta la independencia y la autorregulación, por lo
que experiencias como las visitas y los momentos de espera
son fabulosas oportunidades de aprendizaje y desarrollo para
los niños y las niñas
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