© Derechos reservados, 2004-2010
Una buena "cinchada" no garantiza aprendizajes
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Contenido:
Comentario:
Excelente
Bueno
Regular
La opinión de los lectores es muy importante para ofrecer contenidos de calidad, así como para
personalizar los artículos y satisfacer mejor sus necesidades de información.  Por favor, califica este
artículo según la siguiente escala e incluye tus comentarios sobre el mismo.  ¡Gracias!
Posiblemente el castigo físico a los niños y las niñas marcó
una larga época de educación de los hijos en el siglo pasado.
Afortunadamente, esa práctica abusiva y de maltrato está
desapareciendo en la medida que los padres y las madres
aprenden a entender las necesidades de desarrollo de sus
hijos y la importancia de modelar comportamientos dignos de
imitar.

Resolver los problemas a golpes nunca es la mejor opción. Es
la opción más primitiva. Los seres humanos estamos dotados
de una capacidad superior para entender desde la razón las
situaciones problemáticas y controlar nuestros impulsos
emocionales para decidir de forma consciente la mejor
solución. Ese es el mismo proceso que debemos modelar a los
niños y las niñas para que vayan también aprendiendo a
resolver efectivamente sus problemas.

Tener un objeto para “amenazar” al niño o la niña (aunque no
se le golpee con eso) con el fin de  que obedezca, ha sido una
lamentable práctica común por muchas décadas. Obedecer
bajo amenazas no tiene  sentido alguno. Los niños y las niñas
necesitan aprender a hacer las cosas que se les pide por
convicción, porque entienden que es lo mejor para ellos y para
todos en ese momento, y por ninguna otra razón.

Amenazar a un niño o una niña con golpearlo/a o golpearlo/a
directamente tiene efectos nocivos en su formación. En
principio, lo que se infunde es temor y habrá qué reflexionar
sobre esta emoción. El temor es útil a los humanos para
escapar del peligro, pero no es una emoción deseable para
realizar el resto de actividades. Mucho se habla, por ejemplo,
del temor a la ley o al castigo para que las personas se
conduzcan debidamente, pero eso no sería necesario si esas
personas que infringen la ley hubieran aprendido desde
pequeños a buscar las mejores alternativas de vida, aquellas
que los hicieran ser mejores personas y beneficiaran a
quienes están a su alrededor.

Formar un ser humano temeroso no potencia en nada su
desarrollo óptimo. Por el contrario, existen muchos otros
valores y virtudes superiores que sí valdría la pena formar,
como por ejemplo, la rectitud, la tolerancia, la paciente, el
amor, la paz, la libertad, etc. Lo que sí es cierto es que
ninguno de estos altos valores y virtudes se forman a golpes
ni cinchazos.
Ofrecer “una cinchada” (golpear con el cincho o la faja) a un
niño o una niña le asusta innecesariamente y lo único que se
conseguirá es que su comportamiento sea opuesto al que se
desea. Intimidar y asustar no son recursos de padres y
madres efectivos, por el contrario, son acciones que debilitan
la relación y construyen imágenes distorsionadas de un padre
o una madre en los niños y las niñas.

Lo que un padre o una madre efectiva desea es mantener una
relación estrecha con sus hijos basada en sentimientos de
amor, seguridad y comprensión. No se trata de exceso de
permisividad sino de enseñar a hacer lo correcto por amor,
con seguridad en sí mismo y entendiendo claramente los
beneficios del buen comportamiento.

Al ofrecer o propinar cinchadas, el padre o la madre
demuestran su falta de control, provocando en el niño o la
niña descontrol también, y reacciones adversas y emociones
aún más limitantes como el odio, el resentimiento, la
impotencia y la ira. La construcción del carácter no parte de
emociones limitantes, sino que surge a partir del desarrollo de
emociones potenciadoras que permitan al niño o a la niña a
tomar decisiones provechosas para sí mismo/a y los demás.

Ningún padre o madre tiene el derecho para infringir dolor
físico en sus hijos. Su labor debe ser potenciadora en todo
momento de las capacidades en desarrollo de sus hijos e
hijas. Partir siempre de lo que ya puede hacer para formar
más altas capacidades. Ayudar a formar la capacidad de
discernimiento entre lo debido y lo indebido, lo correcto y lo
incorrecto, lo bueno y lo malo, a través del análisis de los
eventos, es una de las labores más importantes de los padres
y las madres que se inicia con el nacimiento de los hijos. El
análisis lógico se desarrolla con la práctica y los niños y las
niñas que no reciben estimulación desde corta edad para
hacer este análisis, encontrarán muy difícil en el futuro tomar
las mejores decisiones para sus vidas.

Antes de ofrecer o propinar una cinchada a sus hijos,
asegúrese de estar en control de sus emociones y
capacidades mentales para que pueda encontrar mejores
formas para persuadir el comportamiento de sus hijos a partir
de la capacidad de análisis y de emociones positivas.
Califica este artículo: