© Derechos reservados, 2004-2005.
Contenido:
Comentario:
Ser Padres
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 2
Especial
¿Qué es ser padre? ¡Vaya si no es una pregunta
profunda! Ser padre o ser madre de un niño o una niña
menor de seis años es ser una persona especial
elegida para amar, para sembrar y cultivar, para formar
y para liderar.

Elegir ser padre o madre de familia es la decisión más
seria y sagrada que en su momento toma un ser
humano. Se trata de asumir la responsabilidad de
ayudar a un nuevo ser a desarrollarse hasta el máximo
de su potencial para convertirlo en un adulto pleno,
realizado con su vida, que comparta con la sociedad
las virtudes que forjó en la infancia y que sea, a su
vez, formador y líder de sus propios hijos, si llega a
tenerlos.

Padres y madres necesitan corresponder al amor
incondicional que sienten sus hijos por ellos desde el
vientre materno.  El amor infantil es puro y no pone
condiciones; para que continúe así, la
correspondencia de los padres es indispensable.
Amarlos porque sí, porque sencillamente son sus
hijos, no por lo que hacen o dejan de hacer; tampoco
por sus triunfos y hazañas ni mucho menos por su
belleza física. Amarlos porque sus hijos son seres
especiales que les fueron entregados para que
pudieran volcar en ellos todo el amor del que puede
ser capaz un ser humano. Hay que dejar que los hijos
sientan el amor de sus padres; no hay mejor
motivador para un niño o una niña que sentirse
amado/a. Estar seguro/a del amor de su padre y su
madre le da fuerza para afrontar los retos diarios y
esforzarse por alcanzar límites más lejanos.  Además,
al demostrar su amor, los padres también están
enseñando a amar. Por natural que parezca este
sentimiento, a amar también se aprende.

Padres y madres realizan una delicada y en extremo
valiosa labor de cultivo, pues los frutos que cosechan
no son perecederos sino que trascienden en el tiempo
y el espacio.  En los primeros años, padres y madres
necesitan dedicar todo su tiempo y esfuerzo a
sembrar en sus hijos valores recios.  Cual dedicados
horticultores, necesitan regar diariamente las semillas
con delicadeza, paciencia, amor y esmero; al
aparecer los primeros brotes, retirar la mala hierba y
abonar tiernamente para lograr tallos fuertes y los más
suculentos frutos. Del tiempo que se dedique a esta
tarea, dependerá la calidad de la vida de los miembros
de la familia y los hijos que se formen. Los padres y las
madres son cultivadores de hombres y mujeres con
valores.

Padres y madres también son formadores; aún desde
antes de nacer, educan continuamente a sus hijos
sobre las pautas de comportamiento para la
convivencia, así como sobre la comunicación de sus
ideas y sus sentimientos. En los primeros años,
padres y madres enriquecen la cultura de sus hijos,
promueven oportunidades de aprendizaje, les ayudan a
descubrir el mundo y sus emociones, juegan con ellos,
se asombran junto a ellos de las maravillas de la
naturaleza, construyen puentes para que logren
conectar los conocimientos adquiridos y se esmeran
por que todo lo que perciban sus hijos les sirva para
construir actitudes y comportamientos positivos.
Ordenan el mundo para sus hijos y son eficaces
mediadores entre las situaciones cotidianas y la
particular capacidad de comprensión de sus hijos.

Como buenos líderes, padres y madres dirigen a su
familia apoyándose en las fortalezas de sus miembros
y permitiendo la participación de todos en la toma de
decisiones. Enseñan a sus hijos a vivir en democracia
al escuchar y respetar sus opiniones, aún en las más
tiernas edades. Modelan hábitos, actitudes,
comportamientos y manifestaciones afectivas.
Comunican estrategias efectivas de resolución de
problemas y se ganan la confianza, el respeto, la
admiración y el reconocimiento como líderes por parte
de sus hijos, al vivir en congruencia con los valores de
la familia. Admiten sus errores si se equivocan y
buscan la forma de enmendarlos a tiempo.

Los padres y las madres son el sostén de la sociedad:
de ellos depende la prosperidad de su comunidad, su
nación y la humanidad completa. De su delicada
función depende el bienestar de las generaciones
futuras, no sólo el de los hijos que hayan criado sino el
de quienes interactúen con sus hijos. Su aporte a la
humanidad es inestimable, por lo que quien quiera
llamarse madre o padre, necesita valorar y respetar
esta importante misión y decidir entregarse a ella
plenamente.
Califica este artículo:
La opinión de los lectores es muy importante para ofrecer contenidos de calidad, así como para
personalizar los artículos y satisfacer mejor sus necesidades de información.  Por favor, califica este
artículo según la siguiente escala e incluye tus comentarios sobre el mismo.  ¡Gracias!

                 (Escala: *** Excelente, ** Bueno, * Regular)