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Comentario:
Comer, un exquisito placer
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 1
No. 11
¿Qué tal un energizante desayuno con la frescura de
la mañana, un delicioso buffet para el almuerzo y una
ligera cena con música de fondo?  La buena
alimentación es en extremo importante para la buena
salud física y mental de los seres humanos, pero el
complemento emocional es aún más importante para
la buena digestión y asimilación de los nutrientes.

El hábito de comer bien y disfrutar de los alimentos se
forma en la más tierna infancia con la ayuda de los
padres.  

No cabe la menor duda de que los momentos más
agradables de un recién nacido son cuando está  
mamando. El contacto físico con el cuerpo de su
madre, su olor, el intercambio de miradas y las tiernas
caricias que recibe conforman un entorno único que
acompañan el momento de recarga de energía y
envían el mensaje al cerebro de que alimentarse es “lo
mejor que hay en la vida”.  Nuestra misión como
padres:  lograr que ese mensaje perdure por el resto
de su vida.

Hasta los seis meses el organismo del bebé no está
preparado para recibir otro alimento que no sea la
leche de su madre. Su sistema digestivo y
neurológico, así como sus habilidades motoras son
aún inmaduras, por lo que no es recomendable desde
ningún punto de vista iniciar la alimentación de sólidos
antes del sexto mes.

La primera comida del bebé seguramente será el puré
de cereal de arroz, luego las compotas de frutas y
verduras y por último los purés con carne.  Aparte de
la conveniencia de introducir un nuevo alimento por
semana para determinar la tolerancia del organismo
del bebé o una posible reacción alérgica, hay que
recordar que los bebés prefieren lo rutinario y
predecible a la variedad y la sorpresa.  

En cuanto a la cantidad, los bebés saben lo que
necesitan comer por lo que por ningún motivo se les
debe forzar. También hay que respetar que su paladar
recién se está estrenando y por lo tanto todos los
sabores les parecerán muy intensos.  De esta cuenta,
es mejor ofrecerles alimentos como la espinaca,
mezclados con otros sabores más suaves como la
papa, la zanahoria, el arroz o la tortilla.

Como ser individual, el bebé tiene sus propios gustos
y tiene derecho a que los respetemos.  Si un alimento
no le gusta, quizás logremos que lo coma preparado
de otra manera. La creatividad es nuestra mejor aliada
para motivarle a comer. Pero si también lo rechaza es
mejor buscar otra opción con propiedades similares.
Como cuando mama, el momento de la comida debe
ser el más placentero; comida, temor y llanto nunca
deben ir juntos.

También hay que tener en cuenta que estar sentado
por mucho tiempo puede ser cansado y “aburrido” para
un bebé, por lo que debe procurarse que los tiempos de
comida sean cortos y entretenidos. Platiquen sobre lo
que comen: sabores, colores y olores.  Además, por su
necesidad de involucrar todos sus sentidos para
conocer, al bebé debe permitírsele tocar la comida. Al
tener sus primeras muelitas, después del año, puede
ofrecérsele la comida en trocitos pequeños para que la
tome con sus dedos. La alimentación y la televisión no
hacen buen par, pero la música instrumental suave es
el mejor complemento.

Los jugos naturales aportan vitaminas pero no se deben
consumir en exceso y nunca justo antes de la hora de
la comida pues esto hará que el bebé se llene de
líquido y rechace el alimento sólido que se le ofrezca.
Otra consideración importante es que se introduzcan
los jugos a la dieta del bebé una vez pueda sentarse
sin apoyo y directamente en un vasito especial.  No
vale la pena, en lo absoluto, que se utilice la pacha o
biberón para darle jugo. Por otro lado, la fruta pura
siempre es preferible a los juegos, ya que ésta incluye
fibra que es indispensable para el buen funcionamiento
de su sistema digestivo.

El momento de la comida forma parte de la rutina diaria
y el bebé debería ser capaz de anticiparlo cuando
preparamos su silla, colocamos su plato y cubiertos y
le ponemos el babero; es ideal que demos al bebé
también una cucharita para que “juegue a comer” y
vaya entrenando su muñeca. El bebé debería comer al
mismo tiempo que lo hace el resto de la familia en al
menos un tiempo de comida.  El objetivo de que
acompañe al resto de la familia es enseñarle que la
alimentación es un momento especial de reunión y
agradable convivencia familiar.

Esmérense por transmitir al bebé, con su actitud y sus
acciones, que comer es un exquisito placer.
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