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Comentario:
El trabajo de los bebés
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 1
No. 12
Los bebés son mucho más que pañales, leche,
pañaleras y carruajes.  El cerebro de un bebé es un
complejo laboratorio en el que se procesa una infinidad
de información que recibe primordialmente a través de
sus sentidos.

Las experiencias que vive el bebé y las situaciones a las
que se ve expuesto, todas ellas producen la creación de
una gran red de conexiones entre una neurona (célula del
cerebro) y otra.  Estas conexiones se conocen con el  
nombre de sinapsis y el conjunto de sinapsis que se
logran formar en los primeros años de vida constituyen la
base del aprendizaje y comportamiento futuro.

Se sabe, por investigaciones neurológicas, que el
cerebro de un bebé tiene apenas una pequeña parte de
los billones de sinapsis que tendrá cuando sea adulto y
que el período de mayor producción de conexiones
sinápticas es de cero a tres años. Por ello, es crucial que
papás y mamás prestemos especial atención al cuidado
que prodiguemos a nuestros hijos en esta etapa.

Cual computadora, el cerebro humano viene
maravillosamente programado para descifrar el
comportamiento humano en los primeros tres años de
vida y aprender a convivir según los lineamientos
aprendidos por sus modelos inmediatos.  De esta
cuenta, el trabajo de los bebés se concentra en:

Adquirir la noción de ser un ser individual e
independiente con voluntad y posibilidades propias. El
reconocimiento del bebé como un ser diferente a sus
padres es el primer paso a la independencia. Encontrar
su reflejo en el espejo, saber que puede alejarse y
acercarse a sus padres y objetos y además provocar
algunas reacciones en ellos son momentos clave en la
vida del bebé a partir de los cuales buscará el desarrollo
de su propio ser.

Controlar los movimientos de su cuerpo a voluntad y
reconocer sus propias necesidades de sueño, hambre o
sed, abrigo, consuelo, etc. Al principio los movimientos
del bebé son descontrolados y rudimentarios, pero poco
a poco, al observar cómo se mueven los seres humanos
que le cuidan y con su estímulo y la propia práctica logra
dominar sus extremidades hasta poder correr y saltar a
discreción. Por otro lado, en los primeros meses su
respuesta automática a la molestia del hambre, del frío o
del sueño es el llanto, pero con la ayuda de sus
cuidadores poco a poco va reconociendo y distinguiendo  
entre el hambre para pedir que lo alimenten, el sueño para
pedir que lo acuesten, el frío para pedir abrigo e incluso el
dolor o la frustración para pedir consuelo.

Conocer el uso y funcionamiento de los distintos objetos
que le rodean.  Todos los bebés, incluso los de los
animales, son curiosos. Esta es la programación de su
cerebro para conocer el mundo que le rodea y obtener
información sobre los peligros y cuidados que debe tener,
así como las fuentes de satisfacción y placer. La
intervención positiva de quienes le cuidan es importante
en su desarrollo pues de esta manera estimulan el
aprendizaje permanente y la investigación.  Papás y
mamás deben recordar que los aprendizajes que resultan
del descubrimiento propio son los más gratificantes y
estimulantes para el bebé y es con ellos con los que
construye mejor la red de sinapsis que se mencionaba al
inicio.

Observar a sus padres para aprender a relacionarse con
los demás seres humanos. Esta es quizá la tarea más
importante y el aprendizaje más valioso que se logra en
esta tierna etapa de la vida del ser humano.  “Adonde
fueres haz lo que vieres” dice el refrán. Los bebés lo
saben muy bien y aprenden a comportarse en el mundo
de los humanos viendo e imitando los comportamientos y
las reacciones que observan. Prestan mucha atención
para descifrar el código del lenguaje hablado y utilizarlo
para darse a entender. Esta observación del
comportamiento de sus padres se mantiene todo el
tiempo: se concentran en cómo modulan papá y mamá su
tono de voz, cómo demuestran afecto, cómo se comportan
ante las frustraciones, cómo reaccionan ante los
sentimientos de los demás, etc. Hay autores que afirman
que la personalidad (la respuesta individual que damos
ante las disintas situaciones) se forma en los primeros
dos años de vida. Si esto es así, papá y
mamá, que somos los modelos más
influyentes, debemos ser
los mejores.
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