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Comentario:
Papi, mami, juguemos
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 1
No. 2
Es común leer que el juego es el trabajo de los
niños o la tarea más seria para ellos, pero más
que dejarlos jugar todo lo que quieran, la
verdadera riqueza para el niño o la niña está en
jugar con sus padres.

Como adultos, podremos tener nuestro propia
opinión sobre jugar y muchos podrían pensar que
hacerlo es una pérdida de tiempo o algo sin
importancia.

Jugar es mucho más importante de lo que todos
creemos y el tiempo invertido jugando con
nuestros hijos, traerá cuantiosos dividendos
emocionales y cognoscitivos en el largo plazo.

Cuando jugamos con nuestros hijos se fortalece
nuestra relación con ellos y el vínculo familiar
porque nos ofrece una oportunidad para
comunicarnos abiertamente sin presiones.  Al
relajarnos jugando, somos capaces de escuchar
más empáticamente y prestar atención a los
pequeños detalles del comportamiento de
nuestros hijos. De esta manera los conoceremos
más y entenderemos mejor sus actitudes y
respuestas.

Jugando tenemos oportunidades para elogiarlos
por sus esfuerzos y por lo que hacen bien, así
como para enseñarles a conseguir lo que desean
y ayudarlos a conocerse a sí mismos.

El mensaje que transmitimos a nuestros hijos
cuando jugamos con ellos es “me importas y me
importa lo que a ti te gusta”.  Ese momento diario
que dedicamos exclusivamente a convivir con
ellos significa una tremenda contribución para la
construcción de su autoestima.

El juego con nuestros hijos es algo que inicia
desde que logramos motivar en ellos  su primera
sonrisa, su primer “agú” o su primer movimiento
consciente de las manitas.

Al jugar, vale la pena tener esto en cuenta:

Entregarnos de lleno a la actividad; dedicarles
nuestra atención exclusiva y disfrutar de la
emoción del juego: jugar “de veras”.
Respetar los lapsos de atención y en el caso de
los bebés, parar cuando se les observe cansados
(con sueño, hipo o irritados).
Expresar afecto a través del juego: palmaditas en
los hombros o la espalda, chocar las manos,
abrazarse, etc.
Permitir que ellos dirijan el juego.  Hagamos lo que
ellos nos indiquen.
Bajar hasta su nivel para “pensar como niños” y
entender el mundo desde su perspectiva.
Prestar atención a lo que dicen
Fomentar aprendizajes. Con instrucciones claras,
podemos enseñarles vocabulario y conceptos
tales como colores, formas, derecha/izquierda,
preposiciones, adjetivos y adverbios.
Leer también es jugar.  Leerles cuentos haciendo
la mímica y variando las voces de los personajes
es una excelente experiencia para desarrollar el
lenguaje y conectarse con el mundo de los libros.

Las ocasiones para jugar son ilimitadas: podemos
jugar al bañarse o vestirse, al cantar en el
automóvil, al salir a dar una caminata, al hacerse
cosquillas, etc.

Tener un hijo es una gran responsabilidad;
entender que jugar con ellos
es parte de esta respon-
sabilidad es un paso impor-
tante hacia una familia feliz.
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