© Derechos reservados, 2004-2005.
Contenido:
Comentario:
Rutina para crecer y aprender
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 1
No. 7
Es muy común que constantemente escuchemos
invitaciones para “escapar de la rutina” y
aventurarnos a hacer cosas diferentes.  En la
vida adulta esto puede ser muy benéfico para
energizarnos de nuevo, pero para los bebés, esto
les provoca gran confusión y pérdida de la
seguridad.

En los primeros años de vida, la secuencia que
sigan cada una de las actividades que hacemos
con los pequeños, día tras día, les permite
asimilar el mundo que les rodea y les prepara
para tener éxito en el plano social y académico.

La llegada de un bebé al hogar implica la
adaptación a un nuevo estilo de vida.  Se suman
nuevas responsabilidades y se dejan de hacer
algunas otras actividades.  Para lograr superar
con éxito la etapa de adaptación, lo mejor es la
programación exacta de los momentos de sueño,
alimentación, juego y baño del bebé.  Esto da
estructura nuevamente ante el desbalance que
podría generarse con la llegada del nuevo
miembro.  Un horario bien estructurado permite a
los padres primerizos empezar a entender las
señales de comunicación de su bebé en
demanda de cambio, alimentación, tiempo juntos
o descanso.

Las rutinas son importantes para la estabilidad
psicológica y emocional del bebé puesto que le
permiten anticipar lo que sucederá después. Esto
lo relaja y su cerebro ahorra energía al no prestar
atención a eventos automáticos e invertirla mejor
en el logro de nuevos aprendizajes. Así, por
ejemplo, cuando le lavan las manos, preparan su
mesa y le colocan el babero, el bebé deja de
concentrarse en la satisfacción de su necesidad
de alimento y se dispone a experimentar con los
sabores y las texturas o a mejorar su dominio de
la cuchara.

Seguir un ritual específico para cada actividad del
día y la noche permite a los niños entender
mejor las nociones de temporalidad. Correr la
cortina y apreciar la luz del día por ejemplo, es el
banderazo de salida para una nueva oportunidad
de descubrir y hacer cosas maravillosas; el baño y
la canción de cuna, por el contrario, dan la señal
al cerebro de que pronto irá a descansar.

Las rutinas están relacionadas con la formación de
hábitos.  El cerebro infantil incorpora respuestas
automáticas a determinados estímulos que se
presentan día tras día a la misma hora y en el
mismo orden.  El hábito de recoger los juguetes al
final del día, por ejemplo, se forma si esto es algo
que se hace todos los días después de cenar y
ante señales específicas como el respectivo “buen
provecho” al final de la comida y alguna frase
como “ es hora de que los juguetes se vayan a
dormir”.

La constante repetición de las mismas acciones es
lo que forma los hábitos, los cuales, pueden tener
repercusiones en la seguridad de los niños como
el hábito de sentarse en su sillita especial en el
automóvil y abrocharse el cinturón.  Cada vez que
los niños suben al automóvil, deben saber
exactamente cuál es el ritual y que no existe otra
opción.  

Una vida ordenada con rutinas bien establecidas
es el mejor método de disciplina y de enseñanza
de autocontrol. La automatización de las
respuestas de los niños ante determinados
eventos, evita a los padres innecesarios
enfrentamientos o luchas de poder con sus hijos.  
Un ejemplo sería, disponerse a dormir una siesta
después de almuerzo al ver que después de jugar
un rato, le cambian, cierran las cortinas y ponen
su música relajante favorita. Así, los niños
aprenden a reconocer cuando están cansados y a
intercalar lapsos de reposo durante el día.

Definir rutinas y respetarlas es la garantía de una
vida más tranquila y feliz para toda
la familia.
Califica este artículo:
La opinión de los lectores es muy importante para ofrecer contenidos de calidad, así como para
personalizar los artículos y satisfacer mejor sus necesidades de información.  Por favor, califica este
artículo según la siguiente escala e incluye tus comentarios sobre el mismo.  ¡Gracias!

                 (Escala: *** Excelente, ** Bueno, * Regular)