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Comentario:
Con los cinco sentidos y el corazón
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 1
No. 8
En los primeros años de vida, los sentidos son los
canales más importantes por donde los bebés y
los niños pequeños reciben información de su
entorno.

Aún antes del nacimiento, el bebé es capaz de
percibir el sabor del líquido amniótico, sentir la
calidez del ambiente en el que se encuentra y a
través del oído, crear un marco de referencia del
mundo exterior y de las personas que le cuidarán.
Al nacer, el inicio de la función respiratoria aporta
nueva información y en la medida que su visión
madura, los estímulos visuales le atraen cada vez
más.

Pero no basta con lo que ve, toca, huele, saborea
o escucha, la interacción con los padres mientras
juega y explora crea conexiones emocionales con
los nuevos aprendizajes.

Es por ello que cuando se realizan actividades de
estimulación, se trata en la medida de lo posible,
de involucrar a la mayoría de sentidos y por
supuesto, de que las mismas se lleven a cabo en
ambientes armónicos colmados de dulzura,
alegría y genuino interés por parte del adulto de
interactuar con el bebé.

Un ejemplo es el acto de amamantar.  Aquí, el
bebé percibe sensaciones con su lengua,
establece un contacto visual con su madre, siente
el olor característico de ese ser que lo cuida, roza
su piel con el cuerpo de su mamá, disfruta de las
caricias que ella le ofrece y su escucha su dulce
voz cuando le dice cuánto lo ama. El bebé asocia
odas estas sensaciones con un momento
placentero y de gran satisfacción, lo cual
promueve un entorno único de estimulación y
conexión afectiva.

Si bien, el momento de la lactancia es un período
tranquilo que contribuye generalmente al
adormecimiento del bebé, los mismos principios
pueden aplicarse durante el juego.
activo, la  exploración o los momentos de higiene o
ingesta de otros alimentos.  

Cuando el bebé ya se sienta solo, la bañera es un
lugar ideal de estimulación sensorial y afectividad,
es por ello, que se recomienda disponer del
tiempo suficiente para que todos lo disfruten.  En
esa experiencia está presente el olor del jabón, las
sensaciones de húmedo y seco, el roce de la
esponja, la textura de la espuma, los juguetes que
flotan y el toque mágico del cambio de color
cuando se agregan unas gotas de colorante
vegetal. La estimulación auditiva proviene del
chapoteo del agua y de todo lo que mamá o papá
explican  al bebé sobre las partes de su cuerpo,
los nombres de los juguetes, la espuma y todo
cuanto hay en la bañera; además de las canciones
que pueden cantar juntos como la del Chorrito de
Cri-Cri.  Con todo esto, la afectividad llega al
máximo y el bebé siente que ¡bañarse es lo mejor
que hay en la vida!  

Animen a sus hijos a percibir y distinguir los
aromas: después de lavarse, mientras se prepara
la comida, al aire libre, etc.

Escuchen los sonidos exteriores y nombren lo que
produce los sonidos que oyen tales como perros,
aves, automóviles, aviones o helicópteros, viento,
lluvia, etc.   Presten atención a los sonidos al
caminar sobre la hojarasca o mecerse en el
columpio.

Permitan a sus hijos tocar y chuparse todo lo que
esté limpio y no implique riesgo de
atragantamiento.  Antes de los dos años, la lengua
es un órgano importante de exploración.

Conocer con la mayor cantidad de sentidos y en
ambientes emocionales favorables, permite  
aprendizajes permanentes más completos y
significativos.
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