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Comentario:
¡Berrinches! Más vale prevenirlos…
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 2
No. 1
Los berrinches en el segundo año de vida son una
señal de independencia. Indican que el o la bebé
reconoce que tiene deseos propios y que puede
manifestar sus frustraciones; son absolutamente
normales, pero no un comportamiento correcto.  

Los sentimientos de los y las bebés recién están
aflorando y es tarea de los padres y las madres
enseñarles a manejarlos adecuadamente para
alcanzar sus objetivos y convivir en armonía con los
demás.

Aunque es difícil evitar todos los berrinches, al menos
sí es posible prevenirlos cuando se entiende la pasión
que ponen los y las bebés en todo lo que hacen y lo
frustrante que es a su edad que las cosas no salgan
como ellos y ellas quieren.  

Desde pequeños pueden aprender a pedir ayuda
cuando la necesitan. Ser conscientes de lo que
pueden hacer solos y de lo que pueden hacer con
ayuda es una destreza crucial para aprender a
aprender. Cuando veamos que el o la bebé está
luchando por conseguir algo, podemos ofrecer nuestra
ayuda. Para que él o ella la reciba de buen grado es
importante que no hagamos las cosas por él o ella,
sino que le brindemos la ayuda mínima que necesita
para lograr lo que desea “solito” o “solita”.

Si alcanzaron algún objeto que sea peligroso,
arrebatárselo provocará con toda seguridad un gran
berrinche. Si por el contrario, le ayudamos a
explorarlo, le enseñamos que “pincha”, “raspa”,
“quema”, etc. y finalmente le pedimos que nos ayude
a colocarlo en un lugar especial, la reacción será
completamente distinta: no hará berrinche, habrá
saciado su curiosidad y habrá aprendido a colaborar.  

Antes de los dos años y aún unos meses después,
los y las bebés se distraen fácilmente.  Dirigen su
atención hacia cualquier nuevo estímulo.  Por eso,
para que deje algún objeto con el que no queramos
que juegue, una forma muy fácil de que lo haga es
ofrecerle un objeto diferente, de preferencia que no
conozca, con el que sí pueda jugar. No debe ser
necesariamente un juguete, puede ser un utensilio de
cocina, algún adorno plástico, un cojín y hasta los
anillos de las servilletas. Basta con que se lo
presentemos como alg
o novedoso e interesante y le
enseñemos cómo puede
enseñemos cómo puede jugar con el nuevo objeto para
que libere inmediatamente el que sostenía en la mano  
y no queríamos que tuviera.

Cambiar de actividad generalmente provoca llanto, pero
éste puede disminuir si con tiempo se prepara al bebé
o la bebé para hacer otra cosa.  Nuevamente se puede
aprovechar su distractibilidad para engancharlo en la
actividad nueva o bien, en una actividad de transición.  
Si lo está pasando muy bien en la bañera, por ejemplo,
será difícil que desee salir para vestirse.  Entonces la
salida se logrará por pasos: dejar ir el agua hasta que
la bañera quede vacía, guardar los juguetes en la red,
sacudirse, ponerse su toalla y ¡afuera!  Si a cada
actividad nueva le imprimimos emoción y juego, la
transición siempre es más fácil.

La constancia en las reglas también garantiza menos
berrinches. Los y las bebés necesitan saber qué
esperar. Al ir al supermercado, por ejemplo, si la rutina
es siempre la misma: subirse a la carreta, abrocharse
el cincho y ayudar a mamá o a papá a seleccionar el
producto y colocarlo en la carreta, el bebé se habituará
a ella. Pero lo que le permitimos algunas veces y otras
no le provoca confusión. Si hoy le compramos un
juguete por ejemplo, no será fácil para el razonamiento
infantil entender por qué en la siguiente oportunidad no
se lo compran.  Si le damos a probar algún producto en
degustación, y en el próximo pasillo no se lo
permitimos, el bebé o la bebé no entiende la lógica y
seguramente lo manifestará con un berrinche.

Vale la pena hacer énfasis en que los berrinches son
un comportamiento normal y natural de los bebés que
están aprendiendo a controlar sus emociones y
encontrar mejores formas de comunicar sus
sentimientos y lograr lo que desean. Lo mejor es
prevenirlos, pero cuando se producen hay que
ignorarlos para dar un mensaje claro de que con ese
comportamiento no obtienen nuestra atención. Cuando
pierden el control con un berrinche, los y las bebés se
asustan, por lo que no debemos olvidar abrazarlos y
besarlos cuando hayan logrado calmarse para
comunicarles que entendemos su frustración y que nos
tendrán siempre a su lado para ayudarles a controlarse
y tomar mejores decisiones.
 
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