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Comentario:
Aprender a luchar por lo que se quiere
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 1
No. 10
Si le compramos una golosina a nuestro(a)
hijo(a), ¿se la acaba toda inmediatamente o es
capaz de guardarla para disfrutarla después, e
incluso de guardar una parte para el día
siguiente?

A través de su libro “Inteligencia Emocional”,
Daniel Goleman divulgó un estudio que se hizo
con niños de cuatro años de edad en el que
estando en una habitación donde había una
golosina a mano, el evaluador le indicaba que si
deseaba comérsela podía hacerlo, pero que si
esperaba a que él regresara en unos 15 o 20
minutos podría darle otra para que se comiera
dos. Más de doce años después, los chicos
fueron nuevamente evaluados al final de la
secundaria para medir sus actitudes frente a la
vida y su rendimiento académico.  Los resultados
fueron contundentes: quienes habían sido
capaces de postergar la gratificación, es decir de
esperar a que el evaluador regresara para tener
dos golosinas en vez de una, eran socialmente
más competentes, más eficaces, más
emprendedores y más capaces de afrontar las
frustraciones.

Aprender a controlar los impulsos es la principal
meta en el camino hacia la humanidad.  Los
animales siguen su instinto y actúan según sus
impulsos, pero los seres humanos tenemos la
capacidad de discernir y tomar las decisiones
con base en aquellos objetivos que más nos
convengan.  

Puede sonar fuera de lugar pedir a un
preescolar que tenga paciencia, pues parece
bastante obvio que a esta edad niños y niñas
tienen una gran fuerza interior y desbordante
energía que a veces pareciera indicar que lo
quieren todo “ya”.  Pero, poco a poco, con
juegos, nuestro ejemplo y preguntas que les
hagan pensar sobre su comportamiento y lo más
conveniente para
alcanzar sus objetivos, podemos ayudar a nuestros
hijos a orientar su comportamiento hacia la
consecución de metas.

Es común que un preescolar se impaciente o se
frustre cuando no consigue lo que desea, como
armar algo, hacer un nudo o sostener el papel
para engomarlo y pegarlo.  Nuestra ayuda para
relajarse y hacerle pensar sobre lo que está
haciendo y lo que podría hacer para lograr su
objetivo, es clave.  

Comprar una golosina o un juguete en el
supermercado y esperar a llegar a casa para
disfrutar a sus anchas debiera ser la rutina normal.
En las comidas, aunque el postre nunca debe
utilizarse como premio por haberse acabado toda
la comida, terminar primero lo salado para disfrutar
el postre sí ofrece una lección de postergación de
la gratificación.  Además, guardar un pedazo de su
pastel favorito en lugar de devorarlo todo, también
enseña autocontrol.

En la primera infancia se programa el
comportamiento adulto.  Muchos adultos que no
son capaces de mantener una dieta o terminar una
carrera, seguramente no tuvieron la atención de
sus cuidadores para enseñarles a sacrificar algo
con tal de obtener un beneficio mayor.  Demos a
nuestros hijos ahora esta oportunidad.  Está en
nuestras manos enseñarles con mucho amor y
creatividad estrategias para aprender a tener
paciencia y perseverar en lo que se desea.

Conocerse a sí mismos, es fundamental.  Los niños
del estudio que lograron esperar al evaluador sin
comerse la golosina, fueron capaces de distraerse
a sí mismos, cantando, hablándose e incluso
tapándose la cara para no ver la tentación.
Sabían qué querían y qué les ayudaba a
conseguirlo.
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