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Comentario:
Niños "bien portados"
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
z
Guatemala
Año 1
No. 1
Como miembros de una sociedad, todos debemos
aprender normas mínimas de convivencia, pero
en este proceso, seremos sabios en entender
que los preescolares son niños, y los niños, niños
son…

Como padres de familia, probablemente en
alguna oportunidad habrán sentido presión de los
adultos a su alrededor respecto a su función de
educadores de sus hijos. De hecho, en ocasiones
(si no es que con frecuencia), se siente que el
comportamiento de los hijos es evidencia de qué
tan buenos padres o madres de familia somos.

Lamentablemente, muchas veces este querer
“demostrar” nuestras habilidades educativas y
“exhibir” hijos “bien portados” hace que
adoptemos actitudes represivas con ellos o los
sobornemos con premios, pretendiendo que se
comporten como adultos cuando aún les falta
mucho para ello.

En principio es importante reconocer que no
necesitamos demostrar nada a nadie, sino ser
conscientes de que la única meta de nuestras
acciones educativas debe ser formar hijos
autónomos, responsables y autocontrolados.

Para orientar el comportamiento de nuestros hijos
de edad preescolar es fundamental que
entendamos sus necesidades de crecimiento, sus
períodos máximos de concentración y su
desarrollo neurológico.

Niños y niñas de tres a seis años tienen una
energía torrencial que les mueve a explorar su
entorno, adquirir conocimientos nuevos y
aprender a mover coordinadamente su cuerpo.  
La energía de los niños a esta edad puede
superar en mucho la de los mayores a cargo,
por lo que nuestra creatividad será nuestra mejor
aliada para no coartar sus necesidades de
movimiento y liberación de energía y al mismo
tiempo delimitar los momentos y lugares para ello.  

También nos ayudará saber que su sistema
nervioso puede sobrecargarse porque sus lapsos
de concentración aún son cortos (un máximo de
25 minutos para niños de seis años), por lo que
necesitan variar las actividades, intercalando
juegos de movimiento con otros  más calmados.  
Ayudaremos mucho a nuestro hijo si al observar
que tiene arranques violentos, de obstinación o de
llanto, no le censuramos por “portarse mal” sino
entendemos que puede sentirse sobrecargado y le
ayudamos a relajarse.

El sistema neurológico de los niños a esta edad  
(el cerebro principalmente) aún se está formando,
lo cual hace que se distraigan fácilmente con los
estímulos del entorno y se les dificulte controlar
sus estados de excitación.  Esto significa que
mantener a un niño de edad preescolar “quieto”
por un período largo (según sus lapsos de
concentración) atenta contra su propia naturaleza
infantil.  De ahí que portarse bien no debe implicar
estar “quieto y calladito”, sino aprender a respetar
el momento y el lugar.   

Si tenemos en cuenta lo anterior, podremos
ayudar a nuestros hijos a comportarse según la
ocasión lo requiera.  El éxito dependerá de que
planifiquemos con tiempo las actividades que
realicemos con ellos teniendo en consideración
sus rutinas de alimentación y sueño, así como
acordando con ellos el comportamiento que
esperamos de ellos y la forma como pueden
lograrlo.
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