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Comentario:
Comunicación con Dios desde pequeñitos
por Mónica Sulecio de Álvarez
Licenciada en Educación
Guatemala
Año 1
No. 12
Nuestros comportamientos son el reflejo de los hábitos
adquiridos en nuestros primeros años de vida.
Independientemente de la religión que profesemos, la fe
y la comunicación con un Ser Supremo es energía vital
para los seres humanos.   Esta fe y esta comunicación
se forjan en los primeros años de vida y son papá y
mamá quienes las transmiten con su ejemplo y
enseñanzas.

Nuestra calidad de vida depende del cuidado que demos
a nuestra mente, cuerpo y espíritu.  La mente se
engrandece con la lectura, el descubrimiento del
conocimiento y la multiplicidad de aprendizajes que
vivimos diariamente.  Nuestro cuerpo se renueva con una
buena nutrición, buenos hábitos de higiene y suficiente
ejercicio. El espíritu se alimenta con la oración, el aprecio
de lo natural, el respeto al prójimo y la fe inquebrantable
en una fuerza superior.  Enseñar a nuestros hijos a gozar
de una vida de calidad es una enorme responsabilidad
que se logra fácilmente viviendo nosotros mismos cada
uno de estos principios.

Al igual que nos esforzamos para que nuestros hijos
aprendan a convivir, a leer y escribir y a preferir los
alimentos nutritivos, también nuestros esfuerzos
debieran estar encaminados a que aprendan a cultivar su
fe en Dios.

¿Cómo podemos ayudarles?  Para los preescolares  aún
es difícil entender conceptos que no pueden
experimentar con sus sentidos. No obstante, el
desarrollo del lenguaje les provee de la capacidad de
utilizar símbolos y de crear imágenes en su mente.  Su
imaginación es abundante y poco a poco van
distinguiendo la realidad de los sueños y los escenarios
creados con su imaginación.

De esta cuenta, para hacerles sentir la presencia de Dios
en sus vidas podemos utilizar la naturaleza.  Al jugar en el
jardín, apreciar los árboles y el cielo y escuchar del canto
de las aves, podemos hacer énfasis que todo eso es Su
creación para que nosotros lo disfrutemos y protejamos.  
También podemos hacerles sentir la energía y la
presencia de Dios en sus corazones con cada latido.  
Enseñarles que Dios habita en cada uno de nosotros y a
cuidar de nosotros mismos para cuidarlo a Él es también
un aprendizaje importante para el resto de sus vidas que
les ayudará a mantener su cuerpo sano.

Además de conocer a Dios con sus sentidos a través de la
naturaleza y de la propia maravilla de su cuerpo, debemos
enseñarles a comunicarse con Dios. Al despertar, al
acostarse y los tiempos de comida son momentos
propicios para rezar y agradecer a Dios por las
bendiciones recibidas.  Deben aprender que decir por favor
y gracias no se limita sólo a las relaciones con los otros
niños y adultos, sino que también podemos agradecer a
Dios por su amor y protección y por todo lo que nos da. así
como pedirle que nos ayude en todo lo que hacemos.

Los niños aprenden de nuestro ejemplo, por lo que somos
los padres los que primero haremos las oraciones y poco
a poco iremos dando participación a nuestros hijos para
que también ellos expresen su amor, arrepentimiento,
agradecimientos y peticiones.  Recuerden siempre pedir
por otros en sus oraciones.  Hay muchas oraciones
infantiles hermosas que podemos enseñar a nuestros
hijos pero debemos estar muy conscientes de que en vez
de la mera repetición, lo importante es que nuestros hijos
aprendan a comunicarse libremente con Dios. Incluyan las
oraciones en sus rutinas al levantarse, al acostarse y en
cada tiempo de comida, sólo así lograrán arraigar en sus
hijos el hábito y hacerles el mejor regalo para sus vidas.

La lectura es también un recurso valioso.  Busquen libros
especializados y cuentos que demuestren los valores
espirituales que comparten en familia.  Léanlos juntos.  
Conversen sobre las historias, aprendan versos.  Es
frecuente en los preescolares el temor a los monstruos y a
la oscuridad, pueden aprovechar algún verso u oración
para que al repetirlo obtengan de él la fuerza necesaria
para vencer su miedo.

Sentirse seguro bajo la Protección
Divina es un valor que se
adquiere en los primeros años.
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