El estado de ánimo en los niños (segunda parte)
Por Profa. María Marta Castro
Especialista en estimulación temprana y adecuada
Cuando un chico se caracteriza por su mal humor y en consecuencia por un comportamiento inadecuado, debemos
pensar que algo no está funcionando bien en su vida. Es un síntoma detrás del cual se esconde algún conflicto,
problema o preocupación; es la manera que encuentra el chico para expresar que algo le está pasando, llamando la
atención por medio de su mal humor.

El mal humos puede ser un síntoma de tristeza que combinados con otros síntomas podría esconder una depresión.
Debemos estar atentos a que si un niño está triste no tiene necesariamente que estar deprimido. Pero, si este estado
de ánimo depresivo o la tristeza interfiere en la actividad social, en la vida familiar y escolar o con el interés por las
cosas, podemos estar ante una depresión infantil.

Cuando observamos en un chico actitudes de mal humor es importante evaluar la frecuencia de ese mal humor y la
perdurabilidad en el tiempo. Y de esta forma poder descartar una posible depresión, ya que la misma en los niños se
manifiesta por un alto grado de irritabilidad y de mal humor. Si el mal humor se asocia a irritabilidad, a desgano y
tristeza, y estos estados de ánimo se prolongan durante más de dos semanas, está justificado hacer una consulta
con el médico para descartar problemas físicos. Si luego de descartar problemas físicos los síntomas se prolongan
por un período de seis meses o más es necesario realizar una evaluación mental, hecha por un especialista. Esta
evaluación debe incluir a los padres e incluso puede ser necesario entrevistar a otros integrantes de la familia o
personas cercanas al niño. Vale la pena mencionar que no existe ninguna prueba diagnóstica, pero la combinación
de esta información y la aplicación de algunos tests suelen bastar para descartar un problema profundo.

Algunos síntomas asociados al mal humor que se tienen que tener en cuenta para una consulta son los siguientes:

  • Sensaciones constantes de tristeza y desesperanza.
  • Actitud poco sociable.
  • Mayor sensibilidad a ser rechazado.
  • Cambios en el apetito (mayor o menor).
  • Cambios en el sueño (insomnio o aletargamiento).
  • Gritos o lloros.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Cansancio y falta de energía.
  • Problemas físicos poco concretos (dolor de estómago o mareos) que no responden al tratamiento.
  • Problemas para participar en actividades con los amigos, en casa, en el colegio o en aficiones que tuviese
    previamente.
  • Sentimientos de baja autoestima o de culpa.
  • Falta de concentración o lentitud en el razonamiento. Pensamientos de muerte o suicidio.

¿Qué hacer en casa?

Cuando nos encontramos frente a la situación del mal humor de nuestros hijos es importante ayudarlo a reconocer y
a aceptar ese sentimiento de malestar, buscar la manera de que puedan expresar verbalmente o mediante un dibujo
lo que les pasa. Los adultos pueden ayudar a verbalizar sus emociones con frases como
“Entiendo que podés
sentirte malhumorado ya que planeamos esta salida con mucho entusiasmo. ¿El que no se realice te hace sentir
decepcionado/a?”
Luego es importante hacerle saber cuál sería una manera adecuada de expresar sus sentimientos.
“Es importante que expreses lo que sientes pero gritando y pegando no es la mejor manera”.  Entonces, se puede
proponerle salir a caminar juntos y así realizar una descarga física de la rabia que le produce la frustración, para
luego invitarle a encontrar nuevas opciones.
“Busquemos juntos una nueva actividad que también podamos disfrutar”.

Como padres es fundamental tomar una actitud de falicitadores de expresión del mal y buen humor, y no obstaculizar
la expresión del estado de ánimo. Es de vital importancia aprender a expresar los sentimientos, ya sean los más
aceptados como la alegría, así como los no tan deseados como la rabia.

Cuando los chicos se comportan bien, ellos merecen aprecio y atención. De esta manera aprenderán que el buen
comportamiento les hace ver bien e invita a otros a compartir con ellos. En estas ocasiones se aconseja utilizar
palabras que alienten el buen comportamiento y el buen humor.



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