Por instinto, por ternura o por protección nos nace a voluntad propia tocar a un bebé, pero la falta de tiempo
o los prejuicios de mal acostumbrarlos “a los brazos” nos han hecho ir perdiendo la práctica de tan natural
costumbre. Como resultado de ello tenemos cada vez más niños estresados, inseguros o “hiperactivos” en las
aulas de pre-primaria.   Efectivamente, aunque no lo creamos posible, el estrés es una condición que es cada
vez más frecuente en los niños y las niñas.

   Ejemplifiquemos un poco sus primeros contactos con el exterior:  desde corta edad (entre los 2 ó 3 meses,
período post-natal promedio) es dejado al cuidado de alguien extraño. Al decir “alguien extraño” me refiero a
alguien distinto a la madre o el padre, pues el recién nacido estuvo dentro del cuerpo de su mamá durante
nueve meses, período suficiente para acostumbrarse a los sonidos relajantes del latir del corazón de su madre,
su respiración y su voz; y por supuesto, si el papá participó activamente en los meses de espera, él también es
una figura conocida.  Así que cuando se recurre a otra persona para que lo cuide, ese bebé pasa al menos de
8 a 10 hrs. al día sin tan vitales estímulos de sus padres.  Luego, al tener 1 año ½ ya puede ingresar a un lugar
de cuidado infantil, en donde tiene ya un horario que cumplir (de 8 a.m. a 12 p.m. o de 7 a.m. a 5 p.m.); si bien
el niño se “adapta” a todo, no podemos evitar que esa falta de contacto físico o lejanía de sus padres no se
traduzca en enfermedades psicosomáticas o emocionales que sólo son mensajes ocultos de lo que aún no nos
pueden expresar.

   Si bien es cierto que a veces por varias necesidades recurrimos a esas alternativas, no perdamos de vista lo
que verdaderamente es lo más valioso para nosotros y el objetivo que deseamos alcanzar.  Como lo sugiere la
psicoterapeuta Isabelle Filliozat, si lo más importante como padres y madres es el amor de nuestros hijos, la
confianza en sí mismos que les ayudemos a desarrollar y su confianza en nosotros mismos, nuestro objetivo
será claro: elegir y crear la relación que queremos con ellos a través de estar atentos a sus necesidades.  Una
manera de relajarlos, escucharlos, comprender su lenguaje corporal y crear un vínculo más fuerte entre ellos y
nosotros es el “contacto físico” a través del masaje infantil.  Esta experiencia nos permite crear un momento
especial en el cual nos dedicamos a ellos a través de suaves estímulos en su espalda, cabeza y extremidades.  
Podemos añadir aceites esenciales para obtener un efecto específico o música especial para crear un
ambiente que puede ser de relajación.

   Darnos la oportunidad de experimentar este tipo de actividades hoy, serán los recuerdos en los cuales se
fundamentarán nuestros hijos mañana.
Masaje infantil: Comunicación con el tacto
por María de los Ángeles Álvarez
Terapeuta en Medicina Alternativa
marverez@yahoo.com.mx



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