"¡Te prometo que no te había oído!", "Sí, ahora mismo voy, espera un momento", "Que sí, que sí", "Se me olvidó,
lo siento. Luego lo hago". ¿Te suenan estas frases? El "no" a una orden puede adoptar distintas apariencias y
disfraces pero todas ellas desembocan en un mismo resultado: la tarea mandada por hacer y los padres
molestos. ¿Por qué nos desobedecen los hijos? ¿Qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo actuar ante
reiteradas o sistemáticas desobediencias?


Que nuestros hijos no sigan las órdenes que les damos, es una situación frecuente y cotidiana que, en
ocasiones, crea un ambiente familiar caracterizado por gritos, riñas, malas caras y sensación de frustración.
Para evitar estos conflictos, es importante que los padres actuemos de forma adecuada.

El niño desobediente puede negarse a cumplir las órdenes que le damos de distintas formas:

  • No haciendo lo que le hemos indicado, como si no nos hubiera oído.
  • Diciendo "no" de manera explícita.
  • Expresando su desobediencia mediante rabietas o pataletas.

¿Pero, por qué es desobediente nuestro hijo?


Para llamar nuestra atención:
En ocasiones, los padres estamos pendientes de nuestro hijo sólo cuando se comporta de manera inadecuada.
Es muy posible que los niños se nieguen entonces a cumplir nuestras exigencias porque son los únicos
momentos en que consiguen llamar nuestra atención, aunque sea para regañarlos o castigarlos.

Alrededor de los 2 años de edad, los niños suelen pasar por una época en que responden con un "no" a todo lo
que se les pide. No debemos confundir esto con la desobediencia. Nuestro hijo ha comenzado a ser más
independiente de nosotros y es necesario y saludable para su madurez que lo experimente. Aunque los padres
debamos comprender esta actitud, no tenemos que excedernos en permisividad y trataremos de seguir
inculcándole la costumbre de obedecer.

Otros factores que pueden estar motivando la desobediencia de nuestro hijo:

  • No escuchar lo que le pedimos porque está distraído en otra actividad.
  • Estar recibiendo demasiadas órdenes a la vez.
  • No comprender lo que le mandamos.
  • Estar habituado a que nosotros acabemos haciendo por él lo que le pedimos.
  • Saber que los padres repetiremos varias veces la indicación, antes de que él deba responder.

¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo obedezca?

Lo primero que debemos hacer es asegurarnos de que es capaz de hacer lo que le pedimos. De lo
contrario, deberemos ayudarle a cumplir nuestra petición.

Trataremos de que siempre
tenga bien claras cuáles serán las consecuencias positivas y negativas de
su obediencia o de su desobediencia.

Debemos
acostumbrarnos desde un buen principio a no repetir la orden más de una vez y nunca
debemos terminar realizando nosotros nuestra propia petición.

Le daremos
instrucciones simples, comprensibles para él y razonables para su edad. Podemos asegurarnos
que ha entendido la petición haciéndosela repetir. También es importante que sean peticiones específicas, es
decir, que quede bien claro el comportamiento que debe seguir. Por ejemplo: es mejor decir "no pongas los pies
en el sofá", que "pórtate bien".

Le daremos
un número de instrucciones racional y se las diremos de una en una. Nunca le daremos la
siguiente petición hasta que no haya cumplido la primera. Hemos de tener en cuenta que los niños menores de
cinco años no son capaces de comprender más de tres peticiones a la vez.

Podemos también
ofrecerle dos opciones que llevarán a un mismo resultado y le daremos a elegir una
de ellas en lugar de dar órdenes o hacer preguntas. Por ejemplo: en vez de decirle "ve a lavarte los dientes" o
preguntarle "¿quieres ir a lavarte los dientes?", podemos plantear la siguiente opción: "¿te vas a lavar los
dientes solo o prefieres que te acompañe?

Le
explicaremos a nuestro hijo las razones por las que le pedimos o le prohibimos que haga algo.
Esta información deberá ser apropiada para la edad del niño. Por ejemplo: a un niño de tres años le diremos
que no puede tocar un cuchillo o unas tijeras porque puede cortarse y hacerse mucho daño.

Expondremos de manera positiva el resultado de una conducta adecuada para motivar a nuestro hijo a
cumplir aquello que más le cuesta o para que asimile una conducta nueva. Así podrá comprobar que obedecer
la orden conlleva consecuencias positivas para él y esto le animará a seguir por este camino. Por ejemplo:
podemos decirle "cuando te pongas la chaqueta, podrás salir a jugar" o "cuando te hayas ido a la cama, te
contaré el cuento que tú prefieras". Es importante que nosotros cumplamos con lo pactado.

Utilizaremos un
tono de voz agradable. Es mejor si nos ponemos a la altura de nuestro hijo (en cuclillas) y le
miramos directamente a los ojos (asegurándonos que él también nos mira).

Si intuimos que no se dispone a cumplir la orden, le
preguntaremos si necesita ayuda o le ayudaremos
directamente para que, poco a poco, se acostumbre a prescindir de nosotros y sea autosuficiente
.
En un principio podemos echar mano de juegos y mostrarnos de muy buen humor para que no identifique la
obediencia con algo negativo. Por ejemplo: jugaremos a ver quién clasifica más rápido los juguetes por colores,
tamaños… y le habremos dado un toque divertido a una tarea que puede provocar cansancio o desagradar.

Le
recompensaremos cuando haya obedecido nuestra orden o petición, y nunca antes. Cuanto más
inmediata sea la recompensa más efecto tendrá. Deberemos acostumbrarle a recompensas afectivas y no
solamente materiales. Le abrazaremos, le halagaremos y le expresaremos nuestra alegría sin miedo a exagerar.
Podemos recompensar a nuestro hijo dedicándole una tarde a él solo, sin necesidad de compartirnos con otros
hermanos, recados u obligaciones.
Os proponemos un juego que puede resultar muy efectivo:
Pongamos por caso que a nuestro hijo le cuesta recoger los juguetes de su cuarto. En la pared de su cuarto
colgaremos el dibujo de una escalera con 7 peldaños (por ejemplo, los días de la semana). Cada día que
cumpla con la norma exigida colocaremos una pegatina de color en cada escalón. Irá ascendiendo por la
escalera y cuando haya llegado al último peldaño, le recompensaremos con un premio.

¿Y qué podemos hacer si nuestro hijo no nos obedece?

  • Podemos contar hasta cinco en voz alta para que comprenda que estamos esperando a que haga lo que
    le hemos pedido. Si en este tiempo nuestro hijo no ha obedecido, sin alzar la voz ni discutir, le guiaremos
    con nuestras manos para que lo haga. Por ejemplo: si se niega a bajar los pies del sofá, se los
    retiraremos nosotros. Si queremos que recoja los juguetes, le ayudaremos nosotros…

  • Cuando nuestro hijo desobedezca "descaradamente" a pesar de reiterados avisos por nuestra parte, no
    debemos perder el control. Podemos recurrir a la técnica conocida como tiempo fuera: No le
    reprocharemos nada ni nos pondremos a discutir con él. Le mandaremos solo a una habitación o a un
    rincón donde no pueda entretenerse durante un período breve de tiempo. La recomendación es que
    permanezca allí tantos minutos como años tenga nuestro hijo. Tendrá un momento para reflexionar sobre
    qué es lo que nos ha hecho enfadar y para recapacitar sobre sus reiteradas desobediencias. Por
    ejemplo: si nuestro hijo llora y patalea cada noche porque no quiere ir a su cama a dormir, llevadlo con
    mucha calma a un rincón aislado o habitación donde no pueda hacer nada. Al principio protestará
    enérgicamente pero poco a poco, si sois constantes y os mantenéis con firmeza, comprenderá que no
    puede ganaros. Los niños aprenden por ensayo-error y tardan en generalizar las consecuencias de su
    conducta. Es probable que su respuesta sea ponerse a llorar o a patalear. Si queremos que nuestra
    acción surja efecto, debemos privarle de nuestra atención e ignorar su reacción. Si nos infunde pena y
    nos ponemos a consolarle, perderemos nuestra credibilidad y en otra ocasión volverá a actuar del mismo
    modo. En cambio, si tiene ganas de rectificar, se muestra colaborador o pide que le perdonéis, debemos
    reforzarle y animarle.

  • Reprimenda verbal: Si la desobediencia implica peligro para nuestro hijo o para los demás (cruzar la calle,
    poner los dedos en el enchufe, etc.), con un tono de voz firme y enérgico, le diremos: "¡no!" o "¡basta!" .
    Si es necesario, pararemos físicamente su acción. No entréis en discusiones con vuestro hijo pero sí en
    razonamientos: explica con objetividad las posibles consecuencias de su acción.




por Lidia Ametller Martínez
Licenciada en Psicología
Artículo reproducido con autorización de Solohijos.com
La obediencia de los hijos entre
los 2 y los 5 años
por Lidia Ametller Martínez
Licenciada en Psicología
Artículo publicado en Solohijos.com
Reproducido con la
autorización de:



Volver al índice de artículos



El contenido de este artículo es responsabilidad exclusiva de su autora.








www.depadresahijos.org